Perspectivas Culturales

curso de perspectivas culturales preparado para SAE institute Barcelona.

El Manifiesto Futurista y El arte de los ruidos.

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El Manifiesto Futurista

1. Queremos cantar el amor al peligro, el hábito de la energía y de la
temeridad.
2. El coraje, la audacia y la rebeldía serán elementos esenciales de nuestra
poesía.
3. La literatura ha magnificado hasta hoy la inmovilidad del pensamiento, el
éxtasis y el sueño, nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el
insomnio febril, la carrera, el salto mortal, la bofetada y el puñetazo.
4. Afirmamos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza
nueva: la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó
adornado con grandes tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un
automóvil rugiente que parece que corre sobre la metralla es más bello que
la Victoria de Samotracia.
5. Queremos alabar al hombre que tiene el volante, cuya lanza ideal
atraviesa la Tierra, lanzada ella misma por el circuito de su órbita.
6. Hace falta que el poeta se prodigue con ardor, fausto y esplendor para
aumentar el entusiástico fervor de los elementos primordiales.
7. No hay belleza sino en la lucha. Ninguna obra de arte sin carácter agresivo
puede ser considerada una obra maestra. La poesía ha de ser concebida
como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para reducirlas a
postrarse delante del hombre.
8. ¡Estamos sobre el promontorio más elevado de los siglos! ¿Por qué
deberíamos protegernos si pretendemos derribar las misteriosas puertas del
Imposible? El Tiempo y el Espacio morirán mañana. Vivimos ya en lo
absoluto porque ya hemos creamos la eterna velocidad omnipresente.
9. Queremos glorificar la guerra – única higiene del mundo-, el militarismo, el
patriotismo, el gesto destructor de los anarquistas, las bellas ideas para las
cuales se muere y el desprecio de la mujer.
10. Queremos destruir los museos, las bibliotecas, las academias variadas y
combatir el moralismo, el feminismo y todas las demás cobardías
oportunistas y utilitarias.
11. Cantaremos a las grandes multitudes que el trabajo agita, por el placer o
por la revuelta: cantaremos a las mareas multicolores y polifónicas de las
revoluciones en las capitales modernas; cantaremos al febril fervor nocturno
de los arsenales y de los astilleros incendiados por violentas lunas eléctricas;
a las estaciones ávidas devoradoras de serpientes que humean, en las
fábricas colgadas en las nubes por los hilos de sus humaredas; en los
puentes parecidos a gimnastas gigantes que salvan los ríos brillando al sol
como cuchillos centelleantes; en los barcos de vapor aventureros que huelen
el horizonte, en las locomotoras de pecho ancho que pisan los raíles como
enormes caballos de acero embridados de tubos y al vuelo resbaladizo de
los aviones cuya hélice cruje al viento como una bandera y parece que
aplauda como una loca demasiado entusiasta.
Es desde Italia donde lanzaremos al mundo este manifiesto nuestro de
violencia atropelladora e incendiaria, con el cual fundamos hoy el “futurismo”,
porque queremos liberar este país de su fétida gangrena de profesores, de
arqueólogos, de cicerones y de anticuarios.
Ya durante demasiado tiempo Italia ha sido un mercado de antiguallas.
Nosotros queremos liberarla de los innumerables museos que la cubren toda
de cementerios innumerables.
Filippo Tommaso Marinetti, “Le Figaro”, 20 de febrero de 1909

———- o ———-

El arte de los ruidos

Luigi Russolo (1913)

No podemos de ninguna manera considerar la enorme movilización de fuerzas que
una orquesta moderna representa sin constatar sus lastimosos
resulta- dos acústicos. ¿Hay algo más ridículo en el mundo que veinte
hombres ceba- dos en redoblar el maullido lastimero de un violín? Estas
francas declaraciones hicieron saltar a todos los maníacos de la música y
despertarán, siquiera ligeramente, a la soñolienta atmósfera de los
auditorios. Entremos juntos, ¿queréis? Entremos en uno de esos hospitales
de sonidos anémicos. Escuchad: el primer compás os arroja en la oreja el
aburrimiento de lo ya oído y os ofrece un aperitivo del hastío que derramará
el compás siguiente. Seguiremos así, de compás en compás, durante dos o
tres clases de abulia esperando siempre esa extraordinaria sensación que
nunca se producirá. Esperamos que a nuestro alrededor se opere una
mezcla nauseabunda formada por la monotonía de las sensaciones y el
pasmo estúpido y religioso de los espectadores, ebrios de saborear por
enésima vez, con la paciencia de un budista, un éxtasis elegante y de moda.
¡Puaf! ¡Salgamos deprisa, pues me es imposible reprimir por mucho tiempo
mi deseo loco de crear por fin una verdadera realidad musical repartiendo a
diestro y siniestro sonoras bofetadas, sorteando y derribando pianos y
violines, contrabajos y órganos quejosos! ¡Salgamos!
Algunos objetaron que el ruido es necesariamente desagradable para el
oído. Objeciones fútiles que yo estimo ocioso refutar enumerando todos los
ruidos delicados que proporcionan agradables sensaciones. Para
convenceros de la sorprendente variedad de ruidos que existen, citaría el
trueno, el viento, las cascadas, los ríos, los arroyos, las hojas, el trote de un
caballo que se aleja, los sobresaltos de un carro sobre el adoquinado, la solemne
respiración blanca de una ciudad nocturna, todos los ruidos que hacen los felinos y
los animales domésticos y todos los que la boca humana puede hacer sin hablar ni
cantar.
Atravesemos juntos una gran capital moderna, los oídos más atentos que los
ojos, y variaremos los placeres de nuestra sensibilidad distinguiendo los gluglús del
agua, del aire y del gas en los tubos metálicos, los rugidos y
estertores de los motores que respiran con indiscutible animalidad, la
palpitación de las válvulas, el vaivén de los pistones, los gritos estridentes
de las sierras mecánicas, los brincos sonoros de los tranvías sobre los raíles,
el chasqueo de los látigos, la ondulación de las banderas. Nos divertiremos
en orquestar idealmente las puertas plegables de los comercios, el run-run
de las multitudes, las algazaras diversas de las estaciones, de las herrerías,
de las hilanderías, de las imprentas, de las fábricas eléctricas y de los
ferrocarriles subterráneos.

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Written by claudionervi

26 septiembre, 2010 a 21:08

Una respuesta

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  1. Me parece muy interesante la sensacion agridulce que te deja el manifiesto futurista, siento que convina la esperanza con el desapruebo.

    El arte de los ruidos me gusto mucho mas… es muy imaginativo..como los mejores libros, que te meten en otro mundo. Me gusta porque puede interpretarse de varias maneras, siendo el sarcasmo una de ellas. Encontramos tambien la vilencia de las que nos habla el manifiesto futurista.

    Jesus De Hoyos

    14 abril, 2011 at 16:58


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