Perspectivas Culturales

curso de perspectivas culturales preparado para SAE institute Barcelona.

La Sociedad de la Vigilancia

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La Sociedad de la Vigilancia.

Artículo publicado en el diario La Vanguardia con fecha 25 Nov 2013.

(Transcrito para su análisis en clases, uso no comercial)

 

El Ojo de Horus es tu protección, Osiris, Señor de los Occidentales , constituye una salvaguarda para ti: rechaza a todos tus enemigos, todos tus enemigos son apartados de ti”. La cita es de uno de los libros sagrados del Antiguo Egipto y 3.500 años después es el argumento utilizado por el general Keith Alexander para justificar el espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). El ojo solar de la Biblia y de los vedas, cuyo emblema vigilante preside capillas y templos y hasta aparece en el billete de dólar. La tecnología ha facilitado aliviar el síndrome de omnisciencia de los poderes que temen perder su poder, la obsesión por querer saberlo todo. Poseer el Ojo de Horus.
El ex consejero de Seguridad de Carter y ahora asesor de Obama, Zbigniew Brzezinski, en su libro Between two ages, alertaba sobre cómo la era electrónica estaba moldeando cultural, psicológica, social y económicamente una nueva sociedad y cómo Estados Unidos tenía que llevar la iniciativa para no dejar en manos de los enemigos de Occidente el control de los seres humanos.
Brzezinski citaba La pianola, la obra de Kurt Vonnegut en la que siguiendo el camino iniciado por Nosotros de Zamiatin, que inspiró El Gran Hermano de Orwell, dibujaba a los humanos dirigidos por máquinas, teclas de la pianola que tocan automáticamente la música programada en un rollo de papel perforado por un compositor invisible. La metáfora serviría para explicar cómo por medio de la información que ofrecemos voluntariamente a Google, Yahoo, Amazon, Facebook, Instagram o Twitter, existe un banco de datos con el mapa completo de cómo somos, de nuestros deseos y de nuestros gustos, que pueden utilizar para orientar nuestro consumo y moldear incluso nuestras opiniones. Las búsquedas de Google hacen ya de pianola y presentan las webs según los datos almacenados por la IP de nuestro ordenador, que deja de ser un número al cruzarlo con los datos de e-mail o de los formularios que rellenamos. Los poderes quieren una sociedad de cristal, pero mantienen sus castillos opacos, difusos, escondidos en la niebla global.
Byun-Chul Han, filósofo alemán de origen coreano, acaba de publicar La sociedad de la transparencia (Herder) donde actualiza el modelo de centro penitenciario que ideó el liberal Jeremy Betham en el siglo XVIII y que aún se utiliza en La Modelo de Barcelona: el vigilante ve desde el centro de control todo lo que sucede, sin ser visto. Esa visión panóptica, dice Han, ha cambiado en un mundo en que ya no hay centros ni periferia. “La peculiaridad del panóptico digital está sobre todo en que sus moradores mismos colaboran de manera activa en su construcción y en su conservación, en cuanto se exhiben ellos mismos y se desnudan”. Voluntariamente, con la creencia de que actúan en libertad. “No se forman comunidades, surgen solamente acumulaciones o pluralidades casuales de individuos aislados para sí, de egos que persiguen un interés común o se agrupan en torno a una marca, brand communities”. No hay distancia, un afuera, porque todo es intimidad. “Los políticos –dice– no se miden por sus acciones,y esto engendra en ellos una necesidad de escenificación. La pérdida de esfera pública deja un vacío en el que se derraman intimidades y cosas privadas. En lugar de lo público se produce la publicación de la persona, se aleja de la acción común”.

Michel Foucault ya había dicho que no vivíamos en una sociedad del espectáculo, como decía Guy Debord, sino en una sociedad de la vigilancia y, por consecuencia, de control, en el que libremente formamos parte del engranaje. Gilles Deleuze corrigió a Foucault: “no vivimos encerrados, sino endeudados”. El filósofo Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea de la Universitat de Barcelona, dice que los casos masivos de espionaje por parte de los gobiernos, incluso a gobiernos aliados, “estaría acreditando hasta qué punto lo público en el mundo actual se está contaminando de manera creciente de la lógica de lo privado”. Para Cruz, el argumento de que para tener más seguridad se necesita recortar libertad, “se trata de una disyuntiva no sólo mal planteada, sino directamente interesada. Mal planteada porque elude mencionar una cuestión clave, que es la del respeto a las leyes. Pero, sobre todo, es interesada porque transmite a la ciudadanía la intensa sensación de que la libertad no es el bien supremo, sino que existe otro (¿y, ya puestos, por qué no otros, en plural?) que en la jerarquía de los valores que han de regir nuestra sociedad ocupa en lugar preeminente, al que la libertad debe subordinarse, ya que en el fondo no es otra cosa que un lujo prescindible a poco que se produzca el menor conflicto”. El filósofo acepta las situaciones en que hay que elegir la prevalencia entre derechos, “pero otra cosa es convertir eso en norma y criterio, de tal manera que la violación de un derecho (incluso cuando no hay otro en peligro) termine por constituirse en práctica habitual, que es el escenario en el que nos movemos hoy”.

En el caso de las industrias, Manuel Cruz repara en que “la generalización de tales prácticas por parte de quienes deberían ser los encargados de controlarlas y, en su caso, reprimirlas (los poderes públicos), nos aboca a una situación francamente inquietante, en la que los ciudadanos, desengañados de que exista una instancia que vele por el interés general, pasan simplemente a confiar en que los intereses particulares de los poderosos no se ceben en ellos”. De ahí que esas prácticas “nos llevan a una sociedad controlada y acobardada, en la que la política ya no es otra cosa que la gestión del miedo”.
¿Qué efectos tiene sobre el individuo? “Un repliegue sobre sí mismo, sobre una presunta intimidad que, al descubrirse que ya no es tal (puesto que no hay secretos para el Gran Ojo del Poder), sólo puede generar una descorazonadora sensación de indefensión y de vulnerabilidad. Es esa sensación la que hace que a menudo, atenazados por nuestros propios pavores, caigamos en una profundísima insensibilidad (o falta de empatía) hacia el sufrimiento del otro, al que somos incapaces de ver como otra cosa que como una amenaza. Y leemos, sin pestañear, que algún responsable político ha decidido colocar cuchillas en lo alto de las vallas fronterizas de Melilla”.

Fernando Pérez-Borbujo, catedrático de Filosofía en la Universitat Pompeu Fabra, cree que “frente a los ataques suicidas a países occidentales, incluyendo población civil, y en el marco de una guerra santa (de origen religioso en parte), los Estados nacionales no pueden responder con medios convencionales”. Además, “el espionaje de que estamos hablando no es el acceso a informaciones o contenido de los ciudadanos. Se trata de patrones o códigos de rastreo en los grandes flujos de información que recorren las distintas autopistas de información””

Pérez-Borbujo modera la alarma sobre los mecanismos de control. “La informática ofrece evidentemente la posibilidad técnica de un
mayor control de la vida de los ciudadanos y de los individuos, pero también ofrece la posibilidad de seguridad frente a cualquier forma de control. Se pueden aumentar los niveles de seguridad sobre información sensible tan sólo procediendo a sistemas de encriptado y descodificación. Algunos son prácticamente imposibles de atacar”. Y recuerda que el ciudadano puede llevar ante un tribunal a quien infrinja la ley de protección de datos.

Lo más importante, para Pérez-Borbujo, es la cuestión moral. Creo que el problema de estas prácticas abusivas salgan a la luz y el escándalo que despiertan, más allá de la ingenuidad de muchos, tiene que ver con la condena moral”. Y sobre la cuestión hobbesiana de si se ha de optar por la seguridad o por la libertad opina que es “una falacia. Cuánta más seguridad más libertad, cuánta más libertad más seguridad. La informática nos permite, si queremos, gozar de una inmensa libertad de comunicación, de cooperación y creatividad, y aunque pueda intentar ser manipulada, podemos subir sus niveles de seguridad. De modo que a más seguridad más libertad. La seguridad jurídica en los países democráticos fue el intento de preservar la libertad frente a los Estados totalitarios. Los mecanismos de control de la cámara parlamentaria también tenían como objeto evitar la tiranía. Evidentemente, vivir en un riesgo constante por la propia vida, o sin garantías de posesión pacífica de los bienes, impide el disfrute de la propia libertad. En esto Hobbes tiene razón, en un ámbito de guerra de todos contra todos no es posible el disfrute de la libertad”.

Daniel Innerarity, profesor visitante en la London School of Economics, muestra su sorpresa por quienes ahora descubren que son espiados por medio de internet: “Tenemos derecho al enfado, por supuesto, pero no al asombro. Estar conectado equivale a proporcionar información acerca de uno mismo, de su localización y de sus acciones. ¿En qué sentido podemos afirmar sin exageración que somos espías de nosotros mismos?”. “Internet –dice– es un espacio de auto-exhibición, una inmensa máquina de vigilancia.

Cuanto más sabemos gracias a la red, más sabe ella acerca de nosotros. ¿O es que alguien se creía que esto era gratis total? Se registran las consultas de Google, se archivan todas las interacciones de Facebook. Con el uso de la red se está produciendo un gigantesco intercambio de datos entre los usuarios y los servidores. Es más un bazar que un ágora. El negocio del profiling. La red es un gran mercado de información acerca de los hábitos de los consumidores, un continuo sondeo de marketing”.

“Al nutrir las bases de datos –concluye–, el usuario aumenta el valor de las empresas que le ofrecen sus servicios de forma aparentemente gratuita, les permite conocerle mejor y suministrarle aquello que (cree que) necesita. Si colaboramos tan plácidamente en este rastreo sobre nosotros mismos es porque todo tiene un aspecto ideológico anarcoliberal, dando a entender que el cliente es el que manda y que es cortejado por todo el mundo para adivinar y satisfacer sus necesidades. Lo que ha hecho Snowden es mostrar cómo esa observación no solo servía para satisfacer los deseos de los consumidores sino para gestionarlos de acuerdo con objetivos políticos”.

La Vanguardia (25 Nov 2013)

Written by claudionervi

28 noviembre, 2013 a 12:11

10 comentarios

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  1. La tecnología actual brinda al usuario de internet diversas maneras de obtener información sobre algo que le interese pero a un precio: la información sobre la persona. Los sitios web quieren saber nuestros gustos, nos están preguntando cosas y nosotros siempre tenemos algo que contarles. Nuestra vida está grabada en algún o incluso algunos servidores de Facebook o Google, entre otros.
    Pero la información, en estos tiempos, es valiosa. Y hay mucha gente interesada en saber acerca de nosotros. Sobre EEUU ha poco ha sido revelado acerca de el espionaje electrónico. Además de marketing, colaboramos con proyectos gubernamentales como este del gobierno de EEUU.
    Decir que seguridad y privacidad NO son dependientes una de la otra es intentar justificar el mal uso de la información con una justificación de estar haciendo algo bueno. Pero bueno para quién? Para nosotros, que somos observados desde cerca y cada vez mas, controlados? O bueno para aquellos que a la causa de sus acciones han creado enemigos en todo el mundo y hacen uso de su fuerza imperial para unicamente atender a sus objetivos económicos y políticos?
    La libertad es un derecho natural de cada persona y cualquier intento de desvelar nuestra privacidad es un delito contra nuestra libertad y es una agresión a nuestra alma. La libertad no debe subordinarse a otra cosa que no sea la voluntad del individuo desde y siempre que no se produzca ningún daño al próximo.
    El ser humano, al ser vigilado, sufre una presión psicológica y en el caso de espionaje electrónico, eso se traduce en una terrible sensación de impotencia ante la situación.
    La libertad debe ser preservada y solamente será violada en caso de comprobadas sospechas de realización de actividad que sea legalmente considerada como un delito. Siendo así, la seguridad debe ser aplicada de manera que nuestra libertad esté considerada como bien supremo.
    Debemos también considerar nuestra actitud frente a todo esto: nosotros nos “desnudamos” en la red, y con eso nutrimos informes de gustos personales y deseos, generando pesquisas de marketing espontáneas. Además, ahora sabemos que no solamente colaboramos con empresas, sino que también colaboramos con acciones desmesuradas de políticos y gobernantes. Acciones que nada mas son fruto de su sed de poder y control sobre la humanidad.

    Rafael José Pereira

    8 diciembre, 2013 at 21:57

  2. En este texto nos explica que la vigilancia por parte de los altos cargos de la sociedad está afectando a nuestra forma de vida ya que nos tienen controlados y gobernados bajo sus leyes, nos gusten o no. Hasta aquí todo claro, es algo que todos sabemos y que asumimos. La cosa es hasta que punto somos nosotros los que decidimos y hacemos nuestra vida y no son ellos los que nos manejan de forma que hagamos las cosas y actuemos como ellos quieren. Ahora además, tenemos todas las redes sociales del mundo y en cada una de ellas ponemos nuestros gustos, preferencias, estados de ánimo, fotos, preocupaciones, alegrías, noticias, quejas; lo ponemos absolutamente todo y lo que no, lo twitteamos y ya está. Nos parece que son sitios para la expresión libre y en realidad son herramientas con las que nos controlan y nos dan vida. Todos estamos enganchados a estas herramientas y muchos basan sus vidas en aparentar por ellas las cosas que les gustarían de sus vidas. Además añade un punto más a esto el hecho de que sabiendo nuestros gustos, nos venden por medio de anuncios lo que queremos comprar aunque no lo hubiéramos querido. Nos lo ponen tan fácil que lo cogemos, lo consumimos y nos quedamos satisfechos con nuestra elección que en realidad no a sido nuestra.
    La sociedad está vigilada y controlada por nuestra seguridad o no. Mis dudas se basan en que no les conviene darnos libertad ya que eso sería tener opinión propia y que cada uno tuviera su propia creatividad y razón de ser. Es mejor tenernos bajo su vigilancia y “protección” y controlar nuestros impulsos y nuevas ideas, ya que así sus puestos de altos cargos no se ven afectados. Básicamente han hecho de internet una jaula insonora donde lo que queremos decir es dicho y anulado por ellos cuando quieren, por lo que finalmente queda en el olvido. Puede ser que tenga lados positivos, claro que sí.
    Yo por ejemplo uso internet y las redes sociales, cómo una herramienta muy útil para dar a conocer mi trabajo y mis pasiones y con ellas intentar que este mundo no me parezca tan desconocido. ¿Qué les estoy dictando mi razón de ser y enseñando todas mis bazas, que ahora mismo están analizando y sacando un mapa biográfico sobre mi? Seguramente. ¿Qué lo que están sacando es lo que ya soy y cualquiera que me conozca sabe? También, porque en mi caso, soy bastante transparente y no tengo miedo de que la gente vea como soy y qué me gusta, cómo me siento y qué estoy haciendo, a donde me gusta ir y cómo voy. Por lo que en mi caso está vigilancia, esté espectáculo de sociedad controlada, es un modo de liberarme de mis miedos y apoderarme poco a poco de los pequeños sueños que tengo. ¿Qué dentro de unos años no pensaré igual y será demasiado tarde? No lo creo, porque en el momento que internet y las redes sociales no me aporten lo que quiero seré yo misma la que deje de aportarles nada a las mismas.

    Naia Aduriz

    9 diciembre, 2013 at 23:00

  3. Internet, los buscadores, las redes sociales, etc. aparecieron como una herramienta para los usuarios aparentemente sin coste ninguno. Poco a poco ha ido saliendo a la luz el coste que tienen nuestras continuas búsquedas y publicaciones y hemos asumido este coste a cambio de seguir conectados. No obstante existe una falta de información de todo lo que ponemos a la luz cuando nos conectamos a una red wifi libre por ejemplo. Hace poco en Salvados, en un programa de La Sexta, entrevistaban a uno de los mejores hackers del mundo que nos advierte de los problemas de usar internet. Al conectarnos a una Free Wifi ponemos al descubierto todos los datos que utilicemos en la red, contraseñas de redes sociales, contraseñas bancarias, emails, todo, tan solo utilizando un analizador de red. Como dicen en este reportaje, tenemos una vulnerabilidad altísima y en el caso de los Smartphone es peor debido a que la gente no asume que lleva un ordenador encima.
    La información es muy valiosa y ahora está más accesible que nunca, puede ser utilizada para realizar estudios de tendencias, de marketing, para darnos unas búsquedas más personalizadas, para ofrecernos una publicidad acorde a nuestros gustos, pero es información que será utilizada como el receptor de esta quiera. La legalidad de internet depende del país donde esté ubicado el servidor, no existe una ley que englobe todos los sitios webs.
    La sensación de desnudez ante la red es cada vez mayor debido en parte a los casos de espionaje que han sido descubiertos recientemente en EEUU y en España por el Gobierno.
    Particularmente esta situación hasta ahora me beneficia. Me permite compartir con usuarios de todo el mundo mis producciones musicales, me permite que lleguen a gente que no conozco, tener datos geográficos de las reproducciones y así enfocar mi trabajo. Es cierto que pueden espiarme y quizás lo estén haciendo pero de momento no interfiere de manera negativa en mi vida. Debería haber un mayor control que no menos libertad, de la red, una mayor seguridad de nuestros datos, que no fueran accesible con tan solo estar utilizando internet pero no se me ocurre ninguna manera que no afecte al lado positivo de esta conexión de todos con todos.

    Samuel Carrillo

    8 enero, 2014 at 10:11

  4. Es verdad que las personas que forman parte de una sociedad avanzada estamos constantemente vigilados. Somos conscientes de ello, pero nos aferramos a la idea (o nos han hecho creer semejante cosa) de que no se trata de algo malo o negativo, sino más bien lo contrario. Desde arriba siempre se ha intentado hacer creer que es una medida de protección, de mayor seguridad, pero la realidad es que la verdadera finalidad se ha ido ampliando y obteniendo nuevas formas hasta llegar a ser una manera más de intentar mantener el control sobre la sociedad. Ésta, condicionada e incluso de manera inconsciente, ha acabado confiando en la imagen que le han dado, al menos hasta ahora, y ha entregado sus datos a cambio de lo que le ofrecían. De esta manera se ha producido un intercambio de información y servicios que ha ido aumentando cada vez más con el paso del tiempo y que, no solo ha ayudado a las empresas a cubrir nuestras necesidades, sino también a desarrollarlas con tal de poder seguir ofreciendo nuevos productos y servicios para que la sociedad siga consumiendo.

    En definitiva, al mismo tiempo que cada vez es más fácil conseguir información a través de internet y las nuevas tecnologías o redes sociales, también se consigue con el precio de dejar tu propia información. Pero este echo es aceptado por la sociedad, ya que los usuarios no piensan constantemente en la función o utilidad de la información que dejan en la red. Se acepta que sea una forma de control de las empresas porque de alguna manera parece un precio justo a pagar por algunos servicios que estas ofrecen a cambio, ya que la mayoría de la gente prefiere pagar con información a dinero.

    Mònica Matacàs

    8 enero, 2014 at 11:07

  5. Internet es un arma de doble filo. Creemos tener absoluto control sobre lo que buscamos o publicamos en la red, pero realmente no es así. Las grandes corporaciones utilizan toda la información que nosotros, los ciudadanos y consumidores, dejamos en internet para luego utilizarla para manipular nuestros gustos y opiniones. No hay forma de asegurarnos de que no estamos dejando huella en la red, no la hay; existen las “condiciones del servicio” en las que nos explican lo que supuestamente harán con nuestra información una vez aceptemos, pero existen dos problemas: poca gente lee las condiciones del servicio dada su longitud, y en el caso de que las leyera no hay manera de asegurarnos de que no nos vayan a engañar.

    Todo el mundo habla de Internet, de sus beneficios, te mantiene unido a tus seres queridos que viven lejos, explicas tus vivencias al mundo, guardas tus fotos en “la nube” sin ocupar espacio físico, etc. Me gustaría decir que todo esto es bueno; yo tengo Facebook, Instagram y otras redes sociales, y creo que podrían ser unas buenas plataformas para compartir si las usáramos con cuidado, pero en mi opinión se nos está yendo de las manos. Estamos dando información gratuitamente y a veces incluso pagando para que puedan controlarnos, manipularnos, obligarnos a comprar lo que quieren que compremos, hacernos pensarlo que quieren que pensemos… Empiezo a pensar que sin toda esta tecnología se viviría mejor, sin necesidad de escondernos detrás de una pantalla, haciendo que las marcas creen una campaña que realmente llegue al consumidor, sin tener que manipularlo, simplemente ofreciéndole un producto o un servicio que realmente necesite, sin tener que crear falsas necesidades para obtener dinero. Pero tristemente a estas alturas parece imposible y utópico llegar a algo así. Hemos aceptado que para poder disfrutar de la red tenemos que pagar un precio, y este precio es regalar nuestra identidad, vender nuestra información privada. Este es el camino por el que va la humanidad, continuemos vendiéndonos a cambio de una vida virtual y pronto veremos robots de carne y hueso.

    Georgina López

    20 enero, 2014 at 15:50

  6. La excesiva vigilancia y control de muchos bajo el poder de pocos, es uno de los estigmas de la humanidad desde tiempo inmemorables; y me atrevo a decir que lo que vivimos actualmente en comparación a eras anteriores, no es más que la misma canción tocada con instrumentos distintos y en géneros diferentes.

    Un comentario muy acertado fue hecho por Daniel Innerarity, al decir que “Tenemos derecho al enfado… pero no al asombro…¿En qué sentido podemos afirmar sin exageración que somos espías de nosotros mismos?”. En definitiva todos cometemos una exposición de nuestras vidas de forma desmedida y alarmante, sin embargo, irónicamente, no parece preocuparnos en nuestro día a día hasta que dicho hecho sea parte de un revuelo o cotilleo social.

    Parte de la orquestación del control de los poderosos desde la antigüedad a nuestros días ha sido la falta de información y la manipulación del conocimiento del colectivo; en cuanto a este último, podemos ver como los gobiernos mienten descaradamente a una población mucho más educada a la que solía ser (en términos comparativos con el común denominador de hace 1000 años atrás), solo para justificar o asegurar su control sobre todo y todos nosotros. Un claro ejemplo es como el gobierno de los EE.UU sigue jugando con la emocionalidad de una nación para justificar sus actos carentes de moral y de su muy trillada “libertad”; así como también vemos a uno de sus grandes enemigos, Korea de norte, donde se ha dado la noticia en días recientes que han sido los primeros en llegar y aterrizar sobre el sol, que obviamente es otra de las malformaciones de la realidad que hace una ya tercera generación de una “presidencia” monárquica, muy parecida a la figura de Hugo Chávez en Venezuela, donde la “diosificación” de los poderosos es parte de la estrategia… ¿No les recuerda a los reyes, faraones y emperadores incas, entre muchos, quienes eran de descendencia divina?

    En cuanto a la falta de información, por lo visto no era tan importante en la estrategia, pero sí una precaución a tomar por parte de las élites poderosas. Actualmente todos los que nos exponemos en internet podemos ser clasificados en dos grupos, los que sabemos que estamos vigilados y los que no.
    Los que no, simplemente no lo saben porque no han querido, creo que basta con leer uno de esos tediosos “Términos y Condiciones” de cualquiera aplicación o sitio web; por lo que la información está ahi. Para los que somos del grupo de los que sabemos que estamos bajo el ojo de Horus, sino es que estamos bajo la mirada de Sauron, es más que evidente que preferimos ser vigilados a perder comodidades y dejar que hacer lo que todos hacen y todo lo que nos dicen que hagamos y/o disfrutemos; por lo que comparto el desconcierto de Innerarity ante el asombro de muchos.

    Creo que ha muchos se les olvida que somos animales y con una justa clasificación por los biólogos dentro de la familia de los homínidos; y en términos naturales y evolutivos, 3000 (tres mil) años son 3 horas en el orden natural. Creo que aún estamos bajo un sistema primitivo que solo se ve refinado gracias a los avances de nuestras herramientas.
    ..

    Diego Chávez Mogrovejo

    30 enero, 2014 at 06:54

  7. La excesiva vigilancia y control de muchos bajo el poder de pocos, es uno de los estigmas de la humanidad desde tiempo inmemorables; y me atrevo a decir que lo que vivimos actualmente en comparación a eras anteriores, no es más que la misma canción tocada con instrumentos distintos y en géneros diferentes.

    Un comentario muy acertado fue hecho por Daniel Innerarity, al decir que “Tenemos derecho al enfado… pero no al asombro…¿En qué sentido podemos afirmar sin exageración que somos espías de nosotros mismos?”. En definitiva todos cometemos una exposición de nuestras vidas de forma desmedida y alarmante, sin embargo, irónicamente, no parece preocuparnos en nuestro día a día hasta que dicho hecho sea parte de un revuelo o cotilleo social.

    Parte de la orquestación del control de los poderosos desde la antigüedad a nuestros días ha sido la falta de información y la manipulación del conocimiento del colectivo; en cuanto a este último, podemos ver cómo los gobiernos mienten descaradamente a una población mucho más educada a la que solía ser (en términos comparativos con el común denominador de hace 1000 años atrás), solo para justificar o asegurar su control sobre todo y todos nosotros. Un claro ejemplo es como el gobierno de los EE.UU sigue jugando con la emocionalidad de una nación para justificar sus actos carentes de moral y de su muy trillada “libertad”; así como también vemos a uno de sus grandes enemigos, Korea de norte, donde se ha dado la noticia en días recientes que han sido los primeros en llegar y aterrizar sobre el sol, que obviamente es otra de las malformaciones de la realidad, que hace una ya tercera generación de líderes monárquicos, muy parecida a la figura de Hugo Chávez en Venezuela, donde la “diosificación” de los poderosos es parte de la estrategia… ¿No les recuerda a los reyes, faraones y emperadores incas, entre muchos, quienes eran de descendencia divina?

    En cuanto a la falta de información, por lo visto no era tan importante en la estrategia, pero sí una precaución a tomar por parte de las élites poderosas. Actualmente todos los que nos exponemos en internet podemos ser clasificados en dos grupos, los que sabemos que estamos vigilados y los que no.
    Los que no, simplemente no lo saben porque no han querido, creo que vasta con leer uno de esos tediosos “Términos y Condiciones” de cualquiera aplicación o sitio web; por lo que la información está ahí. Para los que somos del grupo de los que sabemos que estamos bajo el ojo de Horus, sino es que estamos bajo la mirada de Sauron, es más que evidente que preferimos ser vigilados a perder comodidades y dejar de hacer lo que todos hacen o todo lo que nos dicen que hagamos y/o disfrutemos; por lo que comparto el desconcierto de Innerarity ante el asombro de muchos.

    Creo que ha muchos se les ha olvidado que somos animales y con una justa clasificación por los biólogos dentro de la familia de los homínidos; y en términos naturales y evolutivos, 3000 (tres mil) años son 3 horas en el orden natural. Creo que aún estamos bajo un sistema primitivo que solo se ve refinado gracias a los avances de nuestras herramientas.

    Diego Chávez Mogrovejo

    30 enero, 2014 at 07:03

  8. Desde hace ya unos años las empresas y gobiernos han encontrado en internet una herramienta de colección de información sobre la población inmejorable. Somos las propias personas las que, a voluntad, subimos a la red cantidades ingentes de información sobre nosotros mismos, desde gustos hasta estados de humor.
    Todos sabemos que eso conlleva muchos factores negativos, y hasta se podría hablar de un estrechamiento de libertades como se comenta en el artículo. Pero desde mi punto de vista podemos ver aspectos positivos en este asunto.
    Para empezar, de todo esto podemos deducir que a alguien realmente le interesa lo que pensamos los ciudadanos, alguien tiene nuestras opiniones en consideración, aunque en algún caso sea con fines más o menos éticos. Pero ¿no podríamos pensar que si quieren saber de nuestros gustos y preferencias sea para satisfacer mejor nuestras necesidades?
    Otro punto es el echo de que en parte el desnudo es mutuo. Aunque las grandes empresas y gobiernos se blindan tanto como pueden, cada vez hay más filtraciones y al igual que estas entidades, nosotros también tenemos acceso a opiniones de la otra gente acerca de éstas. Por lo tanto, a la vez que nos resta intimidad a nosotros, esta falta de privacidad también hace más difícil las actividades ilícitas o la corrupción.
    Esto nos lleva poco a poco al camino de la transparencia. Cada vez más empresas se dan cuenta de que les van a ir mucho mejor las cosas si dejan de un lado todas esas malas prácticas camufladas y centran sus esfuerzos en ofrecer buenos productos, ser respetuosas con la gente o el medio ambiente, ser lo más sinceras posible o en general tomando decisiones moralmente correctas.

    Por lo tanto, si la evolución de la sociedad fuera realmente en esa dirección, creo que el debate que deberíamos plantearnos no es si queremos o no que invadan nuestra privacidad, porque por bien o por mal, nos guste más o menos, ya no hay marcha atrás, los medios están ahí y ahí habrá quien se aprovechará de ellos. Lo que debería preocuparnos es lo que se hace con toda esa información. Me parece bien que sepan muchas cosas de mi, pero que sea en pro de ofrecerme mejoras en mi día a día. Si las empresas que obtienen toda esa información realmente están avanzando moralmente dejaría de preocuparme que tuvieran acceso a lo que hago en la red.

    Pol Fontanals

    4 febrero, 2014 at 17:55

  9. El mundo digital es toda una contradicción. Pensamos que somos libres pero realmente somos esclavos de internet, conejillos de indias de los que nos vigilan y controlan para mantenernos en nuestro sitio, y que no se nos ocurra hacer algo que ellos no tengan planeado porque seguro que tendrán algo pensado en ese momento para nosotros.
    Somos muñecos trabajando a su disposición, y nos gusta, porque la mayoría de las veces se nos olvida que lo somos. Trabajamos sobre todo en las redes sociales escribiendo sobre todo lo que vivimos, vemos, nuestros estilos de vida. Publicamos fotos, videos, cómo nos sentimos, donde iremos, lo que nos ponemos, lo que comemos… ahora incluso pagan por publicar eso aunque casi todo el mundo lo haga gratis. Saben todo sobre nosotros y las marcas llegado el momento saca el producto de nuestra vida, y por supuesto, lo tenemos que comprar, porque está hecho especialmente para nosotros.
    Ya no hay intimidad, hemos sido invadidos y nuestros pensamientos han ido cambiando según nos han ido guiando con las nuevas tecnologías e internet. Así la era de la tecnología se fusionará con la del consumo y llegará un momento en el que colapsará porque todo será hecho para todos, al final no habrá novedad, no habrá nuevos pensamientos, todo existirá, sin entusiasmo ni emoción. Bueno si, cuando nos convirtamos en fieles servidores sin cerebro.

    Alba Llamazares

    5 febrero, 2014 at 23:05

  10. La sociedad en la que vivimos es una sociedad vigilada. Se cuestiona sobre la necesidad real de este fenómeno y sus consecuencias. Generalmente nos hacen pensar que es algo necesario y hecho para nuestro propio bien. Un punto importante es el control, el cual se ejerce mediante la vigilancia. Se sabe de antemano cualquier tipo de movimiento social que surja para tenerla bajo control. Los atractivos e innumerables beneficios del internet son intercambiados por un invalorable precio; nuestros datos personales, aunque en definitiva no sabemos quien puede hacer uso de estos. Hoy en día es muy difícil mantenerse al margen de la vida virtual. Con nuestros datos crean previsiones de aquí a unos años, sobre lo que nos querrán vender, o sobre lo que nos querrán hacer creer que es importante tener. Las tendencias del consumidor no solo son leídas, sino también creadas y guiadas con fines políticos y sociales, para justificar fines económicos. El conectarse a internet, antes significaba visualizar contenidos sin ser vigilados, hoy significa participar activamente de la creación y la modificación de los contenidos a cambio de nuestros datos personales. Pagamos un precio para entrar en la red. Creo que en los próximos años solo aumentara la vigilancia de datos, ya que internet se integrara a más dispositivos de los que hoy en día utilizamos.

    Matheus Nogueira

    6 febrero, 2014 at 20:40


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